3/1/18

Sus propias manos se juntaron. Palma con palma, e inclinó la cabeza ligeramente hacia el suelo, de forma suplicante, culpable. Comenzó a rezar. Nunca lo hacía, pero a veces la desesperación llega a límtites inimaginables, incluso a cambiar de creencias, aunque estén profundamente arraigadas.
No entraba en la casa de Dios, (así lo llamaba su abuela) desde que lo bautizaron, ni siquiera quiso comulgar. Nunca había sido creyente de nada que no pudiese comprobar con una calculadora. Por lo que su imaginación, fe, y demás cosas intangibles, eran prácticamente nulas.
Pero aquel día, aquel día solo le quedaba rezar. Rezar bien fuerte porque su vida no terminara, rezar bien alto para que lo que se supone que hay tras las nubes e incluso en cada uno de nosotros, saliese.
- Si existes y quieres demostrarme algo, este es el momento. Por favor, hazlo ahora- pensó. Su cabeza no paraba de suplicar.
La lluvia caía sobre su camisa, ya empapada, con el coche totalmente destrozado contra un árbol y... la persona que más quería dentro de él.
Estaba tan asustado, que ni siquiera se atrevió a mirar, a saber si estaba bien. La cobardía y el miedo le ganaron la batalla. Por eso necesitaba fuerzas, algún tipo de milagro, algún tipo de empujón hacia ella.
No quería ser un héroe, solamente quería tener el poder de parar el tiempo y poder retroceder diez minutos antes del inesperado accidente.

1/1/18

 Adoro las montañas y los bosques, pero he de reconocer que las aguas con el viento siempre fueron mi hogar. Podrían ser mares de playas u oceános de cualquier lugar. Lagos o cascadas en mitad de la nada, conformando una estampa digna de postal.
No importa tanto el lugar, si no el admitir que nací de la madre naturaleza, aquella que me dió la vida y la cual me la brinda. A cada paso, en cada inhalación, en cada suspiro. Es más, no solo es eso, si no que llevo la naturaleza dentro de mí. Soy naturaleza, la naturaleza soy yo. Y por tanto, soy yo en cada humano, en cada animal, en cada planta, en cada paisaje, en cada pisada de tierra y en cada brisa. ¿Lo entiendes ahora? ¿Entiendes ahora como la naturaleza es vida? ¿Entiendes que la vida está dentro de cada partícula que habita el universo? ¿Entiendes que esa partícula eres tú junto con millones de partículas más?
Que un cuerpo se convierta en tu palacio y no en tu cárcel, que éste te brinde volar alto sin fronteras hasta que creas que has alcanzado el máximo y te des cuenta de que todavía hay más. Que tu naturaleza te brinde el descubrirte en la demás naturaleza, hasta que te integres en ella, hasta que te fundas con ella, hasta que descubras que eres ella.